domingo, 5 de noviembre de 2017

El Túnel de la Muerte de Usera, 80 años después.

 En el otoño de 1937 los rojos idearon un plan para atraer a personas destacadas que estaban refugiadas en embajadas extranjeras. Convencieron a las víctimas de que podían pasarlas a zona nacional por un túnel que había en Usera, a cambio de dinero, joyas y títulos de valores. Una vez en el lugar, una especie de chalet, los inocentes eran torturados y asesinados.


 Hechas las excavaciones al acabar la guerra, en el lugar fue construida una cripta que alberga los cuerpos de casi todos los asesinados, más de 60 identificados, aunque se encontraron más cadáveres.
 Entre ellos, 5 hermanos Méndez y González Valdes.
 Y 3 hermanos Rodríguez Orduña. Entre los asesinados había varios aristócratas, como los hermanos Estanislao y Santiago Urquijo Landecho, hijos del tercer marqués de Urquijo, Estanislao de Urquijo Ussía, el marqués de Cubas Francisco de Cubas y Érice y su nieto José de Hoces y Cubas, el marqués de Fontanar Fernando Díaz de Mendoza y Serrano o el marqués de Peramán Luis Sangil Coronel.
 Una inscripción en el cemento, hecha con la hebilla de un cinturón: "Nos han preparado una encerrona y traído a esta casa con otros quince más. Espero nos matarán. Sea la voluntad de Dios. Noviembre 1937."
 Sobre el túnel, ahora cripta, hay un colegio de religiosas Teatinas, Nuestra Señora de la Providencia. En su capilla se celebró una misa. El sacerdote resaltó que el acto no es político, sino religioso. El testimonio de los mártires es valioso y todos nosotros estamos llamados al martirio del testimonio cada día de nuestra vida.
En la Comunión se cantó el Himno a Cristo Rey "Que viva mi Cristo, que viva mi Rey".
A continuación, el relato de los hechos tal y como los cuenta la Causa General:
Los grandes crímenes de los rojos.
Aparecen los cadáveres de las víctimas inmoladas en la expedición llamada del marqués de Fontalba
Madrid, 24. — El Juzgado militar que instruye la causa general de Madrid estuvo en el barrio de Usera y ordenó hacer unas excavaciones. Con ellas se consiguió poner al descubierto una inmensa zanja, que estaba tapada con tierra removida y en la que han aparecido muchos cadáveres sin ataúd, medio desnudos, muchos de ellos con las memos atadas a la espalda.
Se trata de las víctimas de la llamada expedición del marqués de Fontalba. Los rojos emplearon ese ardid para asesinar a lo más relevante de la aristocracia y de las finanzas madrileñas. Aprovechando la existencia del túnel que hoy ha puesto al descubierto el Juzgado, por medio de un agente del S.I.M., hicieron creer que era un camino de paso a las trincheras nacionales. De este modo salieron de Madrid y fueron asesinados en el trágico túnel el marqués de Fontalba y su hijo Pepe Hoces y Cubas, de 20 años; dos hijos del marqués de Urquijo, don Estanislao y don Santiago; el marqués de Peramán; don Fernando Díaz de Mendoza, marqués de Fontanar, hijo del glorioso actor; el señor Navarrete, hermano del ex director del Banco Español de Crédito; los cinco hermanos Méndez y González Valdés; don José Duque de Estrada y Moreno, decimotercero marqués de Casa Estrada, hijo de la marquesa de Villaparies, de la aristocracia sevillana, joven e impetuoso propagandista de la Causa nacional, afiliado al grupo albiñanista; el fiscal del Tribunal de Casación de Cataluña, señor González Prieto, y su hijo; el señor García Conde, hermano del actual embajador de España en Roma; el señor Covián y Frera, hermano del actual presidente de la Sala de lo Civil de la Audiencia Territorial de Madrid; don Daniel Bonilla Sanmartín; un canónigo madrileño, y tantas otras personalidades que cayeron víctimas del crimen más alevoso e indignante que se puede concebir.
Casi todos los que huyeron lo hicieron con sus alhajas y cuanto pudieron poner a salvo, pues se les garantizaba el paso de todo. Abandonaron las Embajadas, donde estaban refugiados, en ambulancias de la Cruz Roja, y ya no se supo más de ellos hasta ahora.

A fines del mes de octubre de 1937 los Mandos militares y el Comisariado Político de la 36 Brigada roja, que guarnecía el sector del barrio de Usera, en las afueras de la capital, puestos de acuerdo con la organización comunista madrileña, urdieron una maniobra consistente en atraer a dicho sector a cuantas personas, preferentemente adineradas, pudieron reunir, haciéndoles creer que iba a serles facilitada la evasión a la zona nacional; con el designio por parte de los comunistas de asesinar a dichas personas y apoderarse de cuanto dinero y objetos de valor llevasen consigo, a cuyo efecto se les instaba para que, aprovechando las condiciones de seguridad y comodidad que había de ofrecer su evasión, llevasen encima cuanto dinero y alhajas poseyesen.
Dirigió estas actividades, de acuerdo con los mandos de la 36 Brigada, un comunista, titulado Comandante del Ejército rojo, apellidado Durán, y sirvió de agente provocador un Capitán del mismo Ejército, apellidado Cabrera, que, fingiéndose afecto a la causa nacional y recurriendo a varios engaños, atrajo al sector de Usera, en varias expediciones, a numerosas personas, la mayoría de las cuales habían sido extraídas de las Embajadas y Legaciones extranjeras, donde se hallaban refugiadas, temerosas de la anarquía imperante en Madrid. Todas estas personas son asesinadas y despojadas, quedando sepultados sus cadáveres en un lugar próximo a la línea de fuego, donde fueron hallados e identificados al ser liberada la capital de España por el Ejército nacional. Al llegar las expediciones, conducidas en automóvil por los agentes provocadores y sus enlaces, al sector de Usera y apearse de los coches las víctimas, eran conducidas a un chalet que servía de oficina al jefe de Información de la Brigada, que era el propio Cabrera, que personalmente había llevado la provocación, convenciendo en Madrid a las víctimas y preparando las expediciones. Ya dentro de dicho chalet, las víctimas eran interrogadas y maltratadas en presencia del Comandante del 142 Batallón, Juan Ruiz Llamas, y de varios oficiales y milicianos incondicionales del mando rojo; a continuación, los detenidos eran despojados de todo su dinero y alhajas, y asesinados junto a las tapias del edificio, siendo enterrados, amontonados, en unas fosas, preparadas al efecto en aquel mismo lugar. El dinero y objetos de valor eran recogidos y trasladados a Madrid por los agentes comunistas. Se tienen noticias de ocho expediciones realizadas en esta forma, cuyos componentes fueron todos asesinados.
En dictamen emitido en 28 de octubre de 1939 por los doctores Piga y Aznar, en representación de la Escuela de Medicina Legal de la Universidad de Madrid, se consigna que de los 67 cadáveres exhumados después de la liberación de Madrid, en las fosas de Usera, la mayoría habían muerto a consecuencia de disparos de arma de fuego, si bien algunos de ellos presentaban síntomas de asfixia o de estrangulación, apareciendo uno de los cadáveres con el cuello rodeado con una cuerda en forma de lazo; casi todas las víctimas presentaban las manos fuertemente atadas. De estos cadáveres, 36 han podido ser identificados por los respectivos familiares. Se acompaña fotografía de dos de las víctimas exhumadas. (Documento número 12.)
Han podido ser determinados por diversos medios los nombres de las siguientes víctimas de la provocación comunista relatada, cuyo asesinato, precedido de robo, realizó, durante los últimos días de octubre y mes de noviembre de 1937, la 36 Brigada Mixta del Ejército del Frente Popular:
D. Carlos de Garnica y Sandoval, D. José Garnica y Zapatero, D. Angel Méndez y González Valdés y sus cuatro hermanos, D. Ignacio, D. Félix, D. Jesús y D. José ; D. Rafael Lucio-Villegas Escudero, D. Ambrosio Espinosa Rodríguez, D. Enrique Covián y Frera, D. José Ramón García Conde y Menéndez, D. José María Navarrete del Salar, D. Serafín Sánchez Pindado y D. Ismael Rodríguez Orduña (ambos sacerdotes), D. Manuel González Quevedo, D. Alfonso Dalmau Alecha, D. José Antonio Ateiza Areños, D. Pablo Vázquez Lázaro, D. Joaquín Gil Ruano, D.' Nicolasa Sánchez Pindado, D. Dionisio Celestino Martín Sánchez, D. Laureano Miró Barbany, D. Luis Miró Barbany, D. Joaquín Lopetedi Miró, D. Manuel de la Dehesa Fuentecilla, D. Alfonso Solance Beunza, D. Emilio Campos Burón, D. Domingo Delgado Sánchez, D. Eusebio Orgaz Berzocana, D. Manuel Toll Mesía, D. Estanislao Urquijo Landecho, D. Santiago Urquijo Landecho, don Fernando González Prieto y su hijo D. Fernando González Ledesma, D. Valero Ribera Ridaura, D. Francisco de Cubas y Erice (Marqués de Fontalba) y su nieto D. José de Hoces y Cubas, D. Isidoro Uceda Cano, D. Fernando Díaz de Mendoza y Serrano (Marqués de Fontanar), D. Luis Sangil Coronal (Marqués de Peramán), D. Antonio Sánchez Hermida, D. Ramón Ibarra Uriarte, D. Manuel Landecho y Velasco, D. Antonio Robles Rodríguez, D. Antonio Arroque Ibarra, don Luis Vegas Pérez, D. José Duque de Estrada y Moreno, D. Antonio Bonilla San Martín, D. Santiago Prieto y Prieto, D. Fernando Rodríguez Orduña, D. José Rodríguez Orduña, D. Francisco Rubio Janini, D. Gerardo Aparicio Gordo, D. Jorge Manteola, D. Francisco Tejero del Barrio, D. Francisco Martín Gil, D. Manuel Navas Aguirre, D. Juan Antonio Sanz Pinilla, D.ª Natividad Delgado Sánchez, D. Rodrigo Delgado Sánchez, D. José González Quevedo, D. Antonio Quiles Sanz y un señor apellidado Souceda.
Antes de su asesinato, las víctimas de cada expedición solían permanecer detenidas, durante cuatro o cinco días, en un sótano del referido chalet del barrio de Usera, siendo sometidas durante su secuestro a constantes interrogatorios, acompañados de martirios. Un reloj de oro perteneciente a una de las víctimas fue hallado por las Autoridades nacionales en poder de uno de los asesinos, llamado Gregorio Caballero.
Capítulo X, Causa General

2 comentarios:

  1. Tragica y triste historia pero todos parte de ella... Descansen en paz camaradas...D.I.P

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  2. Estoy de la propaganda anti- franquista, cuando quienes empezaron sutilmente la guerra fueron los gerifaltes del bando republicano, con todo el fanatismo ke destilaban, y encima en ambos bandos se hicieron cosas muy malas, hasta las narices. Y para colmo se homenajea al companis, ke fue un criminal de guerra. Buen trabajo de investigación

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